domingo, 22 de marzo de 2015

EL GATO


El  país era “…ese puntito que en el mapa casi no se ve…” de la canción. Con sus pocos más de tres millones de almas. Bostezaba luego de una oscura noche que había durado más de una década. En la apacible mañana de un soleado domingo, suena el timbre. Mate en mano abrimos. Unos amigos de vida y andares. Uno de los del día a día. El otro, que recién vuelve de muchos años de exilio. “Palito” y el “Rengo Viera”, de nombres y apellidos ocultos por el cariño del apodo. Periodistas ellos. Uno muy bueno, el otro un maestro. Eran del diario clausurado por la Dictadura… que renacería como semanario.

Nos invitaban a ser parte del equipo de la Redacción, que estaría a cargo de “Palito”. En La Dirección “El Rengo” secundado por el “Chancho Raúl”   pues, nos integramos. El Semanario saldría los viernes y en esa tarde el equipo se reuniría a evaluar el número ya en la calle, a definir el próximo y  distribuir la tarea, que cada uno entregaría el miércoles siguiente.  . Por aquellos días, espacios políticos como el Fénix “renacidos”,  habían decidido levantar durante una semana, el tema de los desaparecidos, promoviendo actos barriales, una concentración céntrica al final y buscar espacios en prensa y radios amigos.

En la reunión inicial, se resolvió como nuestro aporte, dedicar la edición  a entrevistar a familiares de los desaparecidos. “Vos que sos del gremio podes encargarte de la compañera de Lorenzo…” se nos dice…y ponemos manos a la tarea. Conseguido teléfono, nos hablamos. Explicada la  razón de urgencia, quedamos para ese domingo a la mañana. El domicilio era a media cuadra del Viaducto de Paso Molino. Poco  más  allá del  monumento a la Diligencia, ya empezaba la calle. Quietud de barrio en enero. Parque con  sensación de rocío. Tocamos. Sale la esposa de Lorenzo. Digamos que se llamaba Ana.

Saludos y otros etc. y dice: “estaba haciendo café, ven y luego empezamos”.la acompaño,  empieza a enhebrarse la charla  En un rincón de la cocina había un “changuito” de feria a medio llenar con diarios arrugados. Mientras Ana ordena una bandeja con las tazas,  me acerco al rincón aquel y ocurre uno de los momentos más horribles que he vivido. Y que no olvidé.  Aquellos diarios  y el “changuito” se sacuden. Estalla el alarido o grito o lo que sea, que me hace dar un salto. Me invade una situación extraña. Ana deja la bandeja. Me sujeta los brazos con fuerza y me dice…”tranquilo… vamos y te explico que es eso”

Ante el café humeante, Ana empieza…”Cuando Lorenzo fue requerido, paso a la clandestinidad. Llamaba cada día, apenas para oír el “hola”. Ambos sabíamos que el otro estaba libre. Era habitual instalar ‘ratoneras’ aquí. Jeep que llegaba en la alta noche. Tres o cuatro, con equipos de escucha, se ubicaban aquí, donde estamos ahora. Mama, yo y la nena al cuarto. No se abrían ventanas y no se salía de allí. Solo al baño o cocina, con un soldado al lado. En la casa había un gato joven y juguetón. Veía alguien sentado y le saltaba a la falda. A los tres días los soldados no estaban. Se habían ido…”

Explica Ana que salen del cuarto. Lo primero fue buscar el gato. Nada. Mucha suciedad en el living, pero esta vez con abundancia de manchas de sangre y el rastro hacia un fondo con piso de tierra y pedregullo. Temen lo peor con el gato. No está allí. De pronto perciben algo de un montoncito de tierra en un costado. El gato en su agonía se había ido cubriendo de tierra y sangre. Es seguro que saltó a la falda de un soldado. Este lo apuñaló y en esa posición se dirigió al fondo y lo lanzo a la tierra. Las manchas, las formas, el rumbo de la sangre lo indicaban. Sin necesidad de Sherlock Holmes. El gato se salvo. Su cerebro no. Está en la noche de una locura por el dolor, dijo el Veterinario. Quedo en el “Changuito” y sus diarios. De noche Ana lo sacaba un rato al fondo. Solo con ella, el pobre gatito no explotaba con su espantoso alarido.

Félix Duarte



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