martes, 7 de abril de 2015

LAS LLAVES


La vida es el mayor misterio entre los aun no resueltos. En sus casualidades o tal vez en sus caprichos, en ocasiones se entretiene en tejer hilos que acercan hechos, por alguna razón no olvidados. Como en un caso   que empezó  allá por el año 1975. Pongamos que Julio se llamaba la persona.  Funcionario en uno de los tres bancos comerciales del Estado, aquí en la capital. Militante en el sindicato, en su partido político y en donde hubiera  motivos para ello. Era/es  de esa gente que no piensa en sí misma, si otros necesitan ayuda, conocidos o extraños. Apreciado, querido y muy respetado  por  todos en su entorno.

Su lugar de trabajo era amplio, junto a unas tres decenas de funcionarios. Julio estaba en un extremo. Por el otro se accedía desde una arcada grande, a pocos pasos del ascensor. Aquella tarde, ve entrar tres soldados  y algo que no se explica le susurra... ”Vienen por ti…” Con veloz reacción, desprende de su cinturón unas llaves, que arroja a la papelera. Llegan… ¿Usted es…? Asiente.   El oficial  mete su mano en la papelera y toma las llaves. Adiestrado, cuanto entró  percibió el movimiento de Julio. Lo levantan de la silla. Esposas con  manos a la espalda. Llegando a la salida, un soldado le coloca la capucha.

Empezaba el calvario para Julio, en aquel tiempo arbitrario. Meses sin saber  nada. Eso era común y la esperanza aguardaba. Un día el “soplo” desde el Hospital Militar… alguien internado bastante mal, que parecía ser él. Días después se confirmo que era Julio. Pasa que en esos tiempos, la persona tenía un número. El nombre no estaba en los papeles de entrada. Al poco tiempo Julio cambio número por nombre. Paso a estar “apto para ser visitado”, aunque su cárcel fue larga. Salió con todos, terminada la dictadura. Estuvo con la multitud de “peladitos”… al abrazarlos una tarde en la Plaza Cagancha.

El tiempo y la vida gastaban sus trancos largos…vuelta tras vuelta de la Tierra. Trabajábamos, ya sin dictadura militar, en la Agencia de un Banco, 18 de Julio cerca de Requena. Eran tiempos sin computadora y los cierres diarios, a mano con apenas una maquina de sumar a manija o, si era muy “moderna”… una eléctrica. Siempre sobraba alguna hora antes de poder marcar tarjeta hacia la libertad. Unos, en el mostrador miraban las muchachas por 18. Otros de a dos o tres por escritorio, desgastábamos el tiempo en charlas sobre política, futbol o de los más diversos asuntos…sin faltar las ideas para arreglar el mundo…

Con nosotros…Antonio y Pablo que comenta estar cansado pues la noche anterior fue el cumpleaños de su esposa. Parece que tomó alguna demás. Fue en la casa del suegro, que era un militar de grado alto. Coronel o algo así, ya retirado. Dice que al final, se había sentado en un sillón, esperando a su esposa que seguía charlando. El suegro se ubica a su lado y le dice…”le tengo que hacer una pregunta…usted que es del gremio tal vez conozca a un tal Julio…” Se dan cuenta sobre quién me pregunta…se imaginan que desde aquella  tarde que se lo llevaron del Banco trece años…pero vean esto…

Le contesto que sí, que lo conocía…más… que lo conocían todos, era un gran tipo y mi suegro me dice…”Le explico…al hombre lo tuvimos que detener y precisábamos de él una respuesta…que si no la teníamos en media hora…ya no nos servía para nada…y sabe lo que nos respondía, una y otra vez   …que esa respuesta se la reservaba…” y en silencio… miraba una ventana  …para agregar…” y sabe usted una cosa…que lo parió al hombre…se la reservó nomás” y en eso llegó mi señora y aproveche a salir. Y sigue Pablo: “Tenía un nudo en la garganta. No recuerdo si me despedí de él…me di cuenta del punto… saber aquellas llaves que Julio tiró a la papelera de donde eran. El Coronel sabia que  se corría la voz de la captura y lo que allí estuviera volaba. ..Era claro que el Coronel preguntaba…” si Coronel… que lo parió…se la reservó nomás… y… ¿por qué no lo olvido usted durante trece años…? Tal vez por todo lo que le hicieron…pero él los derrotó…..¿Seria por eso, Coronel…?


Félix Duarte